Archivo para el mes de abril de 2010

La Historia como ‘vértebra determinante’ de España…

30 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suárez Cámara    

Ayer tuve la ocasión de asistir a un almuerzo-coloquio, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) y la Fundación Bancaja, en el que el ministro de Educación, Sr. D. Ángel Gabilondo, impartió una conferencia, titulada “La dimensión social de la Educación”, que tuvo algunos titulares interesantes, aunque la mayor parte del tiempo se rigió por un sentido común que, después, no vemos fructificado con hechos desde el Gobierno de España.

Así, el ministro aseguró estar abierto a posibles modificaciones del texto que presentó recientemente para alcanzar un pacto social y político, advirtiendo, por ejemplo, que no descarta que el profesorado adquiera rango de autoridad pública, mostrándose dispuesto a “estudiar lo que sea necesario” si el refuerzo de la dimensión del docente “solo puede hacerse desde una disposición legal”.

Pero como ya están los medios de comunicación para informar al detalle sobre lo acontecido ayer en el Hotel Meliá Zaragoza, hoy sólo quiero hacer referencia a un tema que a los aragoneses nos toca muy de lleno, la Historia de Aragón en las escuelas, que también tuvo su momento de gloria en esta conferencia, aunque sólo fuera por la pregunta que realicé en el tiempo del coloquio.

De esta manera, la pregunta que propuse fue la siguiente: “¿Cómo puede ser la educación la “vértebra determinante” de la UE cuando en España no somos capaces de unificar nuestra propia Historia por intereses político-sociales? (P.E. Corona de Aragón)”. Una cuestión que, en realidad, abrió el propio ministro cuando indicó que, con la presidencia de España en la Unión Europea, había que trabajar por que la educación fuera la “vértebra determinante” que uniera a los europeos.

Pero, si la situación que estamos viviendo es ya muy amarga de por sí, lo más deplorable, para una figura como la suya, fue su respuesta, en la que indicó que “en España todos los libros de texto de las editoriales son iguales siempre”, añadiendo que “nos sorprenderíamos felizmente si cogiéramos libros de texto de otras CC.AA. y viéramos su grandísima semejanza”. Un hecho que, como sabemos bien los aragoneses, es rotundamente falso e hiriente para los que formamos parte de esta histórica tierra.

Aunque, leyendo hoy la prensa aragonesa, es fácil entender esta situación, ya que ningún medio se ha hecho eco de la trascendente respuesta –que nos afecta a todos– del ministro que miró hacia otro lado en un asunto de vital importancia, y que cada día podemos comprobar no sólo en la educación de nuestros jóvenes, sino también en las manifestaciones de los líderes políticos catalanes, confundiendo (por ignorancia y/o mala educación) a los reyes de la Corona de Aragón, por poner un ejemplo reciente.

En consecuencia, tras el almuerzo, tuve la ocasión de departir unos minutos con el Sr. Gabilondo, a quien recriminé –como aragonés fiel a mi tierra y a nuestra Historia– su respuesta. Un hecho por el cual, dado su manifestado desconocimiento en la materia, me solicitó un informe acerca de este asunto que tanto nos debe importar a los herederos de una tierra que ha sido siempre imprescindible para el devenir de los tiempos.

Por ello, me gustaría contar con la colaboración activa de todos vosotros para elaborar este informe…


Basilio Paraíso, un enérgico defensor de lo aragonés

29 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suárez Cámara    

En este día, en que se cumplen ocho décadas de la pérdida humana de Basilio Paraíso, es importante recordar la historia de este oscense defensor de Aragón, cuyo pasado definía como una permanente ‘lección’, que fue distinguido por la corporación municipal con el título de hijo adoptivo de la ciudad de Zaragoza por su destacada participación en la organización la Exposición Internacional Hispano-Francesa de 1908, conmemorativa del I Centenario de los Sitios.

Basilio Paraíso, nacido en Laluenga (Huesca) en 1849, siguió enseñanzas en el Instituto de Huesca, trasladándose posteriormente a Zaragoza con la intención de proseguir en ella sus estudios, pero bien pronto hubo de abandonarlos por necesidades económicas, motivo por el que comenzó a trabajar en distintos oficios hasta colocarse como escribano de actuaciones en el Juzgado del Pilar de la capital aragonesa. Así, y aprovechando la libertad de enseñanza reconocida por la Revolución de 1868, obtuvo la licenciatura en Medicina por la Universidad zaragozana, aunque no era aquélla su vocación, ya que él estaba muy interesado por el mundo de los negocios, hecho por el que estableció, en el año 1876, un taller de fabricación de espejos y una tienda para la venta de los mismos, creando para ello una sociedad –con Tomás Colandrea– conocida como La Veneciana, que adquirió en los últimos años del siglo XIX una notable proyección nacional que obligaría a la apertura de nuevos establecimientos en las ciudades de Madrid y Sevilla.

Defensor del ideario republicano desde su juventud, accedió a puestos directivos de las más relevantes instituciones económicas locales: Centro Mercantil y Cámara Oficial de Comercio y la Industria, llegando a la presidencia de esta sociedad en 1893, cargo que desempeñaría hasta 1919, en que presentó su dimisión, tanto por problemas de salud como por el hecho de haber fijado definitivamente su residencia en Madrid, aunque continuó como presidente honorario hasta el año 1930. Dos años más tarde, en 1895, intervendría, como accionista fundador, en la creación de la sociedad editorial Heraldo de Aragón, a cuyo consejo de administración perteneció como vocal.

En la perspectiva regeneracionista ha de situarse la celebración de la Asamblea de las Cámaras de Comercio, en Zaragoza, a finales de noviembre de 1898, bajo la presidencia de Basilio Paraíso, coincidiendo de hecho con el Mensaje-Programa elaborado –ese mismo mes en Barbastro– por la Cámara Agrícola del Alto Aragón, de la que era presidente Joaquín Costa. Así, la convocatoria de una nueva asamblea por parte de la Cámara Agrícola del Alto Aragón en febrero de 1899, anunciaba el encuentro de las llamadas fuerzas vivas de la nación en un intento por coordinar y hacer más efectiva la acción regeneradora. Surgió así la Liga Nacional de Productores que al año siguiente, en Valladolid, se integraría con las Cámaras de Comercio, y se constituyó Unión Nacional, cuyo directorio compartirían Paraíso, Costa y Alba, y que significó –una vez decidida la participación de la nueva fuerza política en la lucha electoral– para Paraíso la obtención, en 1901, de un escaño en el Congreso de los Diputados.

En esta etapa inicial del reinado de Alfonso XIII se organizó en Zaragoza, el año 1908, la Exposición Internacional Hispano-Francesa conmemorativa del I Centenario de los Sitios. La destacada participación de Paraíso en la organización de este certamen fue premiada por la corporación municipal con su nombramiento como hijo adoptivo de la ciudad, siendo designado paralelamente por el gobierno de la nación como senador vitalicio.

En la década de 1920, a pesar de su avanzada edad, continuó desarrollando una notable labor, principalmente en la dirección del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Industria y Navegación, y como vocal del Consejo Superior Ferroviario, sumada a continuos artículos y colaboraciones en la prensa madrileña. Enemigo de homenajes y condecoraciones, falleció en Madrid a la edad de 81 años, siendo durante toda su vida un ardiente defensor de todo lo aragonés, cuyo pasado definía como una permanente ‘lección’, no considerando admisible el descuido que en las escuelas se tenía sobre la lectura y explicación de la historia aragonesa.


San Jorge, el defensor de Aragón…

23 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Artículo que he publicado hoy en el Extraordinario del Día de San Jorge en el “Diario del Alto Aragón”

He escrito muchas veces sobre la historia de este santo tan aragonés como universal, que no me encuentro con ganas de hacerlo sólo para reiterarles una relación de noticias que hablan de cómo este soldado de Capadocia se ha convertido en un referente de esta tierra que se llama Aragón. Pero, sin embargo, nos obliga a retomar el asunto la lealtad que debemos los aragoneses a nuestra historia. Porque, hoy, nos invitan a recordar estas noticias documentadas episodios que nos ha tocado vivir con la historia de unas obras de arte que no nos quieren devolver, contra el mismo derecho que sus captores alegaron, o con las patéticas reflexiones de un consejero catalán sobre el pobre Pedro III de Aragón, que ahora no sabemos si se refiere a Pedro II en la obediencia de la Generalitat o acaso Pedro I en la obediencia de El Palmar.

Bromas aparte, está claro que estamos en tiempos de comprometerse con la defensa de lo nuestro, de comprometerse con este proyecto común que tiene un nombre que hunde sus raíces en el siglo IX desde el nacimiento del condado; que se presenta como uno de los estados vertebradores de la Europa del románico –en el siglo XI- desde el Reino de Aragón; y que se proyecta al mundo con la Corona de Aragón, un proyecto de consenso construido por los reyes aragoneses nacidos en el entorno de la Huesca del siglo XII. Es, como vemos, un largo recorrido que está plena y solidamente documentado, aunque no faltan versiones partidistas hechas por sicarios al servicio del poder, como aquel archivero catalán que se inventó lo de la Corona catalanoaragonesa para tener la relevancia que no le dieron sus investigaciones.

Y para seguir afirmando la necesidad actual de defender lo aragonés, es bueno que nos fijemos en la mítica estela de san Jorge en la página oficial de la Generalitat de Cataluña. En ella se le vincula sólo a Capadocia, silenciando todas las referencias históricas aragonesas salvo anotar que las cortes catalanas lo declararon “patrón de Cataluña”, para concluir diciendo que se celebra en otras partes del mundo, excluido Aragón. Una vez más, nos enfrentamos a la tragedia de aquellos que necesitan estar construyendo su historia desde la mentira, porque en el fondo padecen un evidente complejo de inferioridad, tal como decía el profesor Antonio Ubieto. Mentiras a real el kilo, porque este santo, en la página dedicada a las tradiciones catalanas, está vinculado a la comarca del Ripollés, donde tienen el atrevimiento de decir que se inicia su culto en el siglo X, para ir después a estar en la conquista de Baleares y en la de Barcelona… Para concluir diciendo “años más tarde su culto llegó a los limites del Aragón”. Para estos autores catalanes, el problema es quizás que san Jorge no les llamó al móvil cuando estuvo en Huesca y no se enteraron.

No obstante, dicen los libros que su historia arrancaba en los campos de Alcoraz, en plena conquista de Huesca el año 1096, cuando apareció “con armas blancas y resplandecientes” en ayuda de las tropas aragonesas del rey Pedro I. Era el comienzo de una larga convivencia, de múltiples encuentros siempre que Aragón lo necesitara, como ocurrió cuando Pedro IV inicia la marcha contra Castilla y ordena a sus soldados que portasen “señeras con la señal de san Jorge”. Y, al final, fue convertido en Patrón del reino por decisión de Juan II, en pleno siglo XV.

Son tres datos para constatar que este soldado romano, convertido al cristianismo, se había convertido en el gran protector de la Corona de Aragón y que todos los estados que estaban gobernados por el rey de la Casa de Aragón –el condado catalán, el reino de Valencia, el reino de Mallorca, o el propio reino de Aragón que daba título y nombre a la Corona- lo consideraban así. Y lo festejaban en el día de su muerte, el 23 de abril al mediodía, a la hora sexta como decían las viejas crónicas, por todo lo alto. Un día que, por si tenía pocos patronazgos, acabaría convirtiéndolo en compañero de escritores y editores.

Y es que san Jorge, el señor san Jorge, Patrón de Aragón, convive con el libro porque su día se declaró por la Unesco como Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor, en 1995, después de que Miguel de Cervantes y William Shakespeare tuvieran el acierto de morir el 23 de abril, fecha que un real decreto de Alfonso XIII convirtió en el día de la Fiesta del Libro Español a propuesta de un escritor valenciano, del republicano Vicente Clavel Andrés. La relación de celebrar san Jorge con un libro, compañero de la rosa o del zaragozano y dulce Lanzón, enriquece la fiesta y permite que su feria sea también una manifestación de la conveniencia de conocer lo nuestro, de leer, de estar informados para poder argumentar y tener criterio.

Pero, si su proyección saltaba al mundo de las letras, san Jorge fue apeado por el papa Pablo VI que consideró, cuando se hizo revisión de los datos que sustentaban a cada uno de los santos, que había que eliminarlo del santoral de la Iglesia Católica, dejando su culto algo así como opcional. Se abría una nueva etapa que se caracterizó por no haber ningún cambio. La devoción popular no decayó y sus valores como elemento protector de los pueblos o como símbolo de la lucha contra la tiranía, que en el medievo representó el dragón que derrotó, siguieron igual o creciendo. Nada ha cambiado en Inglaterra, donde Eduardo III lo proclamó patrón de la nación en 1344. Nada ha cambiado en Rusia donde es celebrado como Patrón de ese territorio por la Iglesia Ortodoxa, por cierto el 3 de noviembre. Y nada ha cambiado en la espiritualidad, con halo de misterio, que se vive en la iglesia templaria rupestre de Bet Giyorgis, en Etiopia, dedicada a este santo y en la que creen se custodia el Arca de la Alianza que recorrió el desierto con el pueblo elegido.

Por eso, aquí tenemos la tarea de lograr que la historia no cambie, que se respete lo que sabemos y que se vaya incrementando esos saberes con la investigación científica no con el quehacer ilegitimo de los servidores del poder. E incluso el problema será valorar si aquí ha cambiado algo, si ese descalabro pontificio a la figura del patrón de Aragón ha supuesto un deterioro de san Jorge como referente. O acaso, si el cambio viene desde otros horizontes…


¡Feliz día de San Jorge! ¡Feliz día de Aragón!

23 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suárez Cámara    

“La adversidad no puede con el hombre valiente” (Lucio Anneo Séneca)

Hoy es un día especial para los aragoneses, puesto que celebramos la festividad de San Jorge, al igual que el Día de Aragón como todos los 23 de abril desde 1.461, año en que fue declarado como festivo para todo el reino, por medio de las Cortes que se oficiaban en la localidad zaragozana de Calatayud, siendo el texto –con el cual acordaron los diputados dicha festividad– el siguiente: “E assimesmo ordenamos que la fiesta del glorioso Martyr Señor Sant Jorge, que caye a XXIII dias de Abril, sia en el dito Regno inviolable é perpetuamente guardada, observada, e celebrada solemnement, bien assi como los dias del Domingo é otras fiestas mandadas guardar”.

Cuenta la leyenda que la figura de San Jorge, pese a que muchos investigadores eclesiásticos hayan demostrado que nunca existió, es la de un soldado que nació en las tierras turcas de Capadocia, que mató a un dragón en tierras Libias que atacaba a diestro y siniestro al reino de un pueblo que decidió que, para evitar los ataques, entregarían a una persona cada día para ser devorada por el dragón y así evitar daños mayores. Así, cada día se hacía un sorteo y se enviaba a dicha persona a la cueva del dragón. Un día del sorteo salió el nombre de la princesa, la cual fue voluntariamente, aunque muchos se ofrecieron en su lugar. Fue caminando hasta la guarida del dragón y, cuando éste la iba a devorar, apareció San Jorge, quien mató al dragón clavándole la espada en el corazón, de cuya sangre que fluyó nació una rosa, y la rescató.

Y, pese a esas investigaciones que niegan su existencia, es necesario recordar que dichas leyendas vinculan a San Jorge con la batalla de Alcoraz, que tuvo lugar en las cercanías de Huesca en el año 1.096, en la que el ejército aragonés asediaba la ciudad, dirigido por el rey Sancho Ramírez, desde el campamento establecido en el cerro. Esa batalla, que permitió la conquista de Huesca, quedó trabada cuando llegaron las tropas musulmanas desde Zaragoza, perdiendo la vida el rey, pero, con la llegada de San Jorge sobre un corcel blanco y con una cruz roja en su escudo –esa cruz que aparece en el escudo histórico de Aragón–, los cristianos ganaron aquella batalla, tras la que se rindió la ciudad al rey Pedro I.

Así lo escribió Diego de Aínsa en “La batalla de Alcoraz” (1.619): “…invocando al Rey el auxilio de Dios nuestro señor, apareció el glorioso cavallero y martir S. George, con armas blancas y resplandecientes, en un muy poderosos cavallo enjaeçado con paramentos plateados, con un cavallero en las ancas, y ambos a dos con Cruces rojas en los pechos y escudos, divisa de todos los que en aquel tiempo defendían y conquistavan la tierra Santa, que aora es la Cruz y habito de los cavalleros de Montesa.

Y haziendo la señal al cavallero que se apeasse, començaron a combatir ambos a dos tan fuerte y denodadamente contra los Moros, dandoles tan mortales golpes, el uno a pie, y el otro a cavallo: que abriendo carrera por do quiera que yuan, recogían y acaudillavan los Christianos. El cavallero que traxo el santo martir, dize la historia de S. Iuan de la Peña alegada por Çurita, que era Aleman, al qual en aquel día y hora peleaba en Antiochia con los demas cruzados, mataron los moros el cavallo, y lo rodearon para matarle; y a este punto le apareció el gloriosos S. George, sin que el buen cavallero Aleman entendiese ni supiese quien era … y ayudole a subir en las ancas de su cavallo, y sacole de su batalla, y subitamente lo transporto a Aragón, al lugar donde era la batalla del Rey don Pedro con los Moros, y señalole que se apeasee y peleasse….

Espantaronse los enemigos de la fe viendo aquellos dos cavalleros cruçados, el uno a pie, y el otro a cavallo: y como Dios les perseguía empeçaron de huyr quien mas podía. Por el contrario los Christianos, aunque se maravillaron viendo la nueva divisa de la Cruz: pero en ser Cruz se alegraron, y cobraron esfuerço hiriendo en los Moros: y assi los arrancaron del campo y acabaron de vencer”.

¡¡FELIZ DÍA DE SAN JORGE!! ¡¡FELIZ DÍA DE ARAGÓN!!


El buen Ramiro II “el Monje”

22 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Ramiro II de Aragón, el conocido como rey monje por su condición de clérigo, gobernó el reino aragonés desde 1134 a 1157, sucediendo a su hermano Alfonso el Batallador que murió sin descendencia y dejando un disparatado testamento que logicamente no aceptaron ni los nobles ni las ciudades. Fue Jaca la primera ciudad que lo eligió como rey y tras ella fueron muchas las que intentaron evitar que las tierras aragonesas pasarán a ser propiedad de las órdenes militares que habían sido nombradas herederas. Este monarca, al que se le reía gran parte de la nobleza por su cojera y su falta de formación militar, supo hacerse con el control y poner orden en una sociedad complicada que siguió sintiéndose segura en manos del heredero de la Casa Real de los Aragón, los fundadores de este reino.

AL DECIR RAMIRO II…

… Hablamos de un aragonés que nació el 24 de abril de 1086 y que murió el 16 de agosto de 1157, de un miembro de la familia Aragón que fue rey desde 1134 a 1157, de un infante que fue monje y obispo, de un padre que quiso asegurar el futuro de su hija.


Sentirnos aragoneses…

22 de abril de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

En esta semana que celebramos la festividad de San Jorge, momento en el que baja un poco la acción diaria y aumenta la dimensión protocolaria, quiero dedicar ese tiempo que excuso de actos públicos y cuchipandas a escribir reflexiones sobre los personajes claves, sobre los protagonistas de ese singular siglo XII en el que el viejo reino pirenaico de Aragón se vió en la texitura de proyectarse al mundo generando la Corona de Aragón. Detrás de todo, la profunda responsabilidad de una familia real que no quería dar carpetazo a la historia de una tierra triunfadora, el firme compromiso de unos hombres y unas mujeres por seguir adelante creando futuro. Ellos y ellas, gentes de la familia Aragón, tienen rostros y miradas. Y a esas presencias que triunfaron sobre la muerte vamos a dedicar algunos minutos de este tiempo que nos toca vivir, un tiempo en el que -como bien ha dicho el presidente de las Cortes de Aragón, señor Pina, en el discurso institucional- es obligado defender a Aragón desde la verdad y desde la lealtad al pasado. Esa es la tesis que yo vengo defendiendo desde hace varios años, la misma tesis que sigo defendiendo y la tesis que seguiré defendiendo. Y lo hago desde el convencimiento de algo muy básico: como aragonés debo ser leal a esta tierra, a sus gentes que son las mias, entre las que estoy yo y para las que merece la pena trabajar, cada uno desde el puesto que ocupe y tenga el cometido que tenga. Esta empresa nos necesita a todos. Vamos pues a viajar en el tiempo, como si fuera un Caballo de Troya…