Este mes debemos también un recuerdo entrañable al primer rey de Aragón, Ramiro I, hijo del poderoso Sancho el Mayor de Pamplona y padre del prestigiado rey Sancho Ramírez de Aragón. En medio de los dos, este pobre montañés que lo pasó mal pero que supo consolidar una herencia para que sus sucesores pudieran construir el poderoso reino de Aragón. Por eso, en marzo recordamos su muerte en el cerco de Graus el 8 de marzo de 1064. Fue asesinado por un soldado árabe, llamado Sadada, que hablaba romance y que, acercándose al real de Ramiro I disfrazado de cristiano, le clavó una lanza entre los ojos, aprovechando que estaba con la visera de la armadura levantada.
Así se llamaba el gran Miguel Fleta que el 7 de marzo de 1922 se presentó en el Teatro Real de Madrid. Hoy recuperamos su nombre completo pues era hijo de Vicente Burro Gayán, quien fue tesorero del Ayuntamiento de Albalate de Cinca durante la I República, además del hombre que le dio los primeros apoyos para que acabara siendo el gran tenor que fue. Sabemos que sus primeros pasos musicales fueron en la rondalla de su pueblo, y su primera instrucción musical estuvo a cargo de su padre y de Lázaro Uriol. Conocemos que en septiembre de 1917 destaca en un concurso de jota celebrado en Villanueva de Gállego, por lo que se decide ya su vocación musical, pasando al Conservatorio Isabel II de Barcelona donde comienza su carrera, una carrera que se consolida cuando comienza a estudiar repertorio con la profesora belga Louise Pierrick, su futura esposa.
Ciertamente, cuando en este mes se cumplen 129 años de la declaración del templo como Monumento Nacional, conviene recordar la importancia de este enclave que sigue dándonos importantes sorpresas en las campañas de excavación. Recuerdo el momento en el que pudimos ver los últimos hallazgos de la excavación del doctor Mostalac, cuando encontrí el pavimento del templo original del siglo IV y el baptisterio de este templo. En aquella, Antonio Mostalac explicaba la importancia de los últimos descubrimientos porque han permitido establecer la cronología de los 1.700 años de historia de la basílica y cerrar así las investigaciones comenzadas hace 32 años. A la visita asistíamos Pilar Alcober, Manuel Blasco, Carmen Galindo y yo, concejales, y el arzobispo de Zaragoza don Manuel Ureña.
El 4 de marzo de 1882 fue declarado el templo de Santa Engracia de Zaragoza Monumento Nacional, reconociendo su historia y su significado a la hora de recuperar ese momento martirial que sufrió la ciudad de Caesar Augusta en los siglos III y IV de nuestra era. El poeta Aurelio Clemente en el himno IV de su Peristephanon, alude a dieciocho víctimas inmoladas, reducida cifra que antiguas y piadosas tradiciones elevan a unas diecisiete mil y por ello pasaron a ser conocidos comos “los Innumerables mártires”. En lo que respecta a la historia del edificio, saber que sobre el templo paleocristiano se edificó el gótico, por el mecenazgo de Juan II y su hijo Fernando el Católico, y después de volarlo los franceses en los Sitios de Zaragoza se edificó el nuevo templo basilical que conserva la vieja portada renacentista de Gil Morlanes.
El 3 de marzo de 1565 en la ciudad de Zaragoza el médico Juan Tomás Porcell, nacido en la isla de Cerdeña y de cuarenta años de edad, hacía relación pública de su experiencia profesional en la atención a los apestados que habían sufrido las consecuencias de una grave epidemia de peste que azotó a la capital de Aragón en el año 1564. A él se deben las primeras autopsias sistemáticas de apestados y el haberse hecho cargo de la curación de los ochocientos apestados que se amontonaban en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia, en unas circunstancias extremas. De todo ello habla en un magnífico libro que nuestros médicos aragoneses deben ponderar en lo que se merece, titulado Información y curación de la peste de Zaragoza, y preservación contra peste en general, editado por la imprenta de la Viuda de Bartolomé de Nájera en la Zaragoza de 1565, y en cuyas páginas se expone de modo sistemático las cuestiones relacionadas con la naturaleza, la clínica, la terapéutica, la prevención y la asistencia de la terrible enfermedad. Debemos saber esta ciudad de Zaragoza que a este médico y profesor de nuestro Estudio General, se le tiene como una de las cumbres de la epidemiología renacentista.
Este mes de marzo hace doscientos dieciocho años que murió el zaragozano Ramón Bayeu, un pintor que triunfó en la corte de los borbone y que murió en Aranjuez pintando esas escenas que construían la España dieciochesca que vivía al margen de la Ilustración. Recordando esta efemérides, recordaba que hace unos pocos años, se subastó un magnifico óleo de Ramón Bayeu Y Subías, en la Sala del Retiro de Madrid, saliendo al mercado en una puja inicial y básica de cien mil euros. Lo que se subastaba era un óleo realizado sobre lienzo pintado hacia 1780, como modelo o “cartón” para el tapiz que se encuentra en Patrimonio Nacional, concretamente en el Palacio de la Granja de San Ildefonso. En los recibos de entrega, esta obra de Bayeu, aparece descrita como: “Una cocina con trebejos correspondientes de alambres y en ella se ve al cocinero y al galopín pelando caza y dos mujeres trabajando, y otra para servir”.