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2ª edición del festival de fotografía contemporánea

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 5 de Septiembre de 2010

“Las imágenes no son conceptos. No se aislan en su significación. Precisamente tienden a sobrepasarla” (Gaston Bachelard)

Zaragoza Photo nació el pasado 2009 gracias a la iniciativa del joven colectivo de fotógrafos aragoneses Zphoto que, además de desempeñar su trabajo como agencia, escuela y galería, quiso poner su granito de arena en la difusión, desarrollo y estudio del arte de la fotografía y de sus autores emergentes. Así surgió el festival Zaragoza Photo, que ya en su primera edición -y a pesar de sus limitados recursos- obtuvo una gran respuesta por parte de los ponentes (con la participación de David Jiménez, Mario de Aguavives, Pedro Avellaned, Armando García o Rafael Navarro), los medios de comunicación y el público, con una asistencia aproximada de 4.000 personas en su mes de duración.

Y la próxima semana llegará a la capital aragonesa la segunda edición de este festival que volverá a reunir a grandes figuras nacionales y a diversos colectivos para que difundan sus conocimientos sobre el arte de la fotografía entre el gran público y examinen su situación a través de conferencias, talleres, exposiciones, libros y proyecciones. Una nueva edición que se celebrará durante todo el mes de septiembre, si bien, centrará la mayor parte de sus actividades los días 8, 9, 10, 11 y 12 en tres espacios ubicados en el centro de la ciudad para facilitar su desarrollo y acceso: el Centro Joaquín Roncal, el Espacio Zphoto y el Centro de Historia. Ricky Dávila, Alejandro Castellote o Roger Guaus, entre otros, serán algunos de los nombres más destacados del programa.

Asimismo, el programa de Zaragoza Photo 2010 incluirá seis conferencias impartidas por destacados nombres del mundo de la fotografía; tres talleres impartidos por fotógrafos con una larga trayectoria que tratan temas como la elaboración de un proyecto fotográfico personal, las claves para el retoque de una imagen y la búsqueda de un posicionamiento fotográfico propio; y las exposiciones de un joven talento extranjero, Xiqi Yuwang, y de un autor ya consagrado, Leo Simoes. Además, durante tres jornadas consecutivas, se finalizará con la celebración de una actividad más distendida, la proyección de obras de autores emergentes, fotoperiodistas y participantes en la sección oficial del festival en un agradable entorno: la terraza del Centro de Historia amenizada por música en directo y un espectáculo de danza.

De esta manera, el festival Zaragoza Photo continúa en su empeño de funcionar como escenario para el intercambio, la creación, el debate y el disfrute de un arte, la fotografía, que cada vez cobra más prestigio en los circuitos culturales y que, por ello, merece un espacio individual en la oferta cultural de una ciudad como Zaragoza, amén de fomentar la participación ciudadana en el festival y la búsqueda de nuevos talentos con su rally fotográfico “Buscamos el talento tras la cámara”, que concederá a sus ganadores un importante paquete de becas de estudio en la Escuela Zphoto.


‘¡Esto es la Guerra!’ de Robert Capa y Gerda Taro en Madrid

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 2 de Septiembre de 2010

“Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente” (Robert Capa)

Ernest Andrei Friedmann (Budapest, Hungría 1913 – Thai Binh, Vietnam 1954), conocido bajo el apelativo de Robert Capa, captó con su objetivo algunos de los momentos cruciales del pasado siglo XX, siendo probablemente el corresponsal gráfico de guerra más importante de los últimos cien años. Sus fotografías más contundentes (de la Guerra Civil española, la I Guerra de Indochina o la II Guerra Mundial) coparon las portadas de las principales revistas de la época.

En 1929, con tan sólo 18 años, abandonó Hungría y viajó a París, donde conoció al fotógrafo David Seymour, quien le consiguió un trabajo como reportero gráfico en la revista Regards para cubrir las movilizaciones del Frente Popular. Entre 1932 y 1936, tratando de escapar del nazismo, conoció a la fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida Gerda Pohorylle) que acabaría siendo su novia, y junto a la cual inventa la figura de Robert Capa, un pseudónimo utilizado por ambos para aumentar el valor de sus trabajos.

Así, coincidiendo con la Guerra Civil española –etapa donde falleció Taro–, Capa se trasladó a España, permaneciendo siempre en primera línea durante la contienda. De esta manera, en el frente de Córdoba, tomó una de las instantáneas por las que fue mundialmente reconocido: Muerte de un Miliciano (1936). Igualmente, también retrató los principales escenarios bélicos de la II Guerra Mundial y, en 1947, creó la agencia Magnum Photos junto a Henri Cartier-Bresson, George Rodger, Bill Vandivert y David (Chim) Seymour. En 1954, dada su fama, fue reclamado por la revista Life para cubrir la Guerra de Indochina, falleciendo en aquel conflicto el 25 de mayo, tras pisar una mina.

Por todo ello, la Fundación Pablo Iglesias, el International Center of Photography (ICP) y el Círculo de Bellas Artes de Madrid han organizado una exposición, titulada ‘This is war!’ (¡Esto es la guerra!), compuesta por 170 instantáneas, algunas de ellas inéditas hasta la fecha, que se aproxima a las innovaciones de Capa como reportero gráfico e incluye las imágenes tomadas por el fotógrafo húngaro en la Batalla del Ebro. Asimismo, junto a las fotografías de guerra de Capa, se presentan casi un centenar de imágenes de Gerda Taro, realizadas durante la contienda española. Una fantástica exposición que puede verse, hasta el próximo domingo (día 5 de septiembre de 2010), en la Sala Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid, sito en Alcala 42 (ver mapa), por el casi simbólico precio de 1 euro.


El final de San Juan de la Peña a manos de los franceses…

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 25 de Agosto de 2010

“…la boca de un mundo de peñascos espirituales revestidos de un bosque de leyenda, en el que los monjes benedictinos, medio ermitaños, medio guerreros, verían pasar el invierno, mientras pisoteaban la nieve jabalíes de carne y hueso, salidos de los bosques, osos, lobos y otros animales salvajes” (Miguel de Unamuno)

En pleno Pirineo aragonés, al pie de una enorme roca cortada a pico en la sierra de San Juan situada en las cercanías de la ciudad de Jaca, a sólo veintisiete kilómetros de distancia y en los verdes paisajes del valle de Atarés, se encuentra ubicado el antiguo cenobio mozárabe que ha terminado convirtiéndose en el símbolo del Reino de Aragón, el monasterio benedictino más próspero del Aragón del siglo XI, un centro del poder religioso y político en el que fueron sepultados grandes reyes aragoneses y navarros como Sancho el Mayor, Ramiro I o Alfonso I, y convertido en lugar de peregrinaje en la vía francesa del Camino de Santiago.

Un conjunto histórico-artístico que, más allá de la crisis económica de finales del siglo XVI, inició su cuenta atrás a finales del XVIII, con la Guerra de la Convención contra los revolucionarios franceses, que supuso la desaparición de parte de la orfebrería pinatense entregada al rey Carlos IV para emplear su valor monetario en defender a la nación, aunque de manera más trágica resultó el episodio de la Guerra de la Independencia. En 1809, mientras la invasión napoleónica tomaba Huesca y Zaragoza, en San Juan de la Peña se estableció un núcleo de resistencia, de la mano de Miguel Sarasa –guerrillero del cercano pueblo de Embun–, que se refugió en el monasterio.

Así, se produjo un terrible suceso del que hoy se cumplen 201 años, ese momento en el que los franceses, respetando el monasterio Viejo, decidieron incendiar el monasterio barroco, además de proceder a fundir abundantes objetos litúrgicos del tesoro pinatense que pudieron robar los soldados de Napoleón, por lo que el monasterio Nuevo comenzó a vivir épocas de penurias económicas que se acrecentaron cuando se comenzó a reconstruir en 1815 y se atendió al ornato de la iglesia principal.

Pero la sucesión de trágicos episodios no acabaría aquí ya que, en agosto de 1835, el gobernador militar y político de Jaca ordenó el desalojo del monasterio, como castigo al apoyo que éste había prestado a los ejércitos carlistas rebeldes a Isabel II. Y, poco después, este abandono de los monjes sería definitivo en ese mismo año, cuando el ministro Mendizábal puso en marcha su famoso proceso de desamortización, que culminaría con la calificación de todos los bienes y edificios del monasterio como propiedad nacional.

Tan sólo se salvaron unos pocos objetos que fueron trasladados a la catedral de Jaca, como es el caso de las dos urnas de plata que contenían los restos de san Indalecio y de los santos Voto y Félix. La escasa docena de monjes que habitaban el monasterio en aquel momento, bajo el gobierno de su último abad, fray Pascual Ara, acabaron sus días repartidos entre la catedral de Jaca y las parroquias del entorno. Una situación lamentablemente irreversible, provocada también por la sucesión de otros acontecimientos singulares, como la pérdida de las propiedades seculares, que provocó el final de la vida monástica en estos parajes de la sierra de San Juan de la Peña.

· Bibliografía: Buesa Conde, Domingo J.: ‘Monasterio de san Juan de la Peña’; León, 2004 (Editorial Everest)


La DGA debe proteger las pinturas rupestres de Jaraba

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 21 de Agosto de 2010

“En parte, el arte completa lo que la naturaleza no puede elaborar y, en parte, imita a la naturaleza” (Aristóteles)

Las pinturas rupestres encontradas el 25 de agosto de 2009 en el término municipal de Jaraba, obras de arte consideradas como un bien cultural e histórico de valor incalculable, siguen desprotegidas después de un año, a pesar de que podrían datar de hace 7.000 años y constituyen uno de los dos únicos enclaves de arte levantino de la provincia de Zaragoza, junto a unas figuras en El Plano del Pulido (Caspe) protegidas por una reja oxidada –colocada hace aproximadamente dos décadas– que no ha podido evitar que sufran serios daños por actos vandálicos.

Dichas pinturas, que tienen el rasgo poco frecuente de estar realizadas con pigmentos negros en lugar de rojos, incluyen cuatro figuras: un hombre, una mujer y dos ciervos. [1] La figura masculina, de 30 centímetros de longitud, es un arquero armado con un arco sin cuerda y flechas, que tiene sobre la cabeza un penacho con seis plumas. Mientras, la pintura de la mujer, de 22,7 cm. de longitud, no está tan bien conservada, aunque se observa que lleva un niño con un gorrito en la espalda y parece vestir una falda de picos. Por otra parte, [2] los dos ciervos miden 17,6 centímetros y miran hacia la izquierda, al contrario que las figuras humanas. Uno de ellos está en mal estado de conservación, por lo que se ha llegado a dudar si realmente era un ciervo o una cabra, pero sobre el otro no hay dudas, dado que la cornamenta se aprecia perfectamente.

Así, a día de hoy, mientras la DGA afirma que después del estudio de las figuras y la revisión de la zona, en el que se ha elaborado un informe que advierte de la importancia del hallazgo y la necesidad urgente de protegerlo, se está llevando a cabo un plan de protección, cualquier persona podría acceder a estos históricos dibujos, que ahora mismo sólo están protegidos por la difícil accesibilidad de la zona y, con buen criterio, la escasa información que se ha dado sobre su localización exacta, un abrigo –covacha natural poco profunda– descubierto por un vecino de la localidad.

Por el momento, sólo queda esperar a que la Consejería de Cultura de la DGA, de la que dependen las pinturas, y la de Medio Ambiente, que también tiene que dar su visto bueno al proyecto, decidan actuar. Aunque, según se indica desde el Consistorio de la localidad jarabeña, el Gobierno de Aragón cree que lo más viable es poner una reja, pero que ahora no se puede hacer porque hay que soldar y nos encontramos en época de riesgo de incendios. Y esto es, además de una necedad, una nociva solución que no evitará que vuelva a suceder lo mismo que ya ha ocurrido con las figuras de El Plano del Pulido.