El Ateneo de Zaragoza, presidido en la actualidad por el Excmo Sr. Dr. D. Fernando Solsona Motrel, tiene su origen en el Círculo de los Amigos, sociedad dedicada, por los años 1850-60, a la amena conversación y buen trato de sus socios, y a la lectura de la prensa que, por iniciativa del jacetano Joaquín Gil Berges, se convirtió, tal día como hoy hace 147 años, en la actual estructura que hoy conocemos. Y fue el propio Gil Berges, ministro del gobierno de la II República Española y jurista de reconocido prestigio en toda España, quien lo presidió por primera vez, mientras Pedro Salvador y Mestres hacía las veces de secretario de la sociedad.
Al marchar Gil Berges a Madrid, el Ateneo desapareció y, a su regreso, reapareció convertido ya en Ateneo Científico, Literario y Artístico de Zaragoza, con domicilio sucesivo en las calles Santa Cruz, 8; Coso, 116; Cinegio, 3; San Andrés, 12; y, actualmente, San Voto, 9; pero siempre muy vinculado a la Diputación Provincial y al Centro Mercantil, Industrial y Agrícola, con el que sigue manteniendo un convenio de comunidad de socios, biblioteca y locales.
El Ateneo nunca ha tenido filiación política ni religiosa; sólo se propuso, desde sus inicios, propagar la cultura y el gusto por las bellas artes, mediante conferencias, certámenes poéticos, conmemoraciones, juegos florales, y la institución de unas enseñanzas elementales, que luego fueron suprimidas cuando otros centros las cubrieron con mayor eficacia. A día de hoy, denominado ya sólo Ateneo de Zaragoza, con una masa social de 325 socios, reduce su actividad a «la exposición y la divulgación, oral y escrita, de las ciencias, las letras y las artes», tal y como consta en su reglamento (1967).
Las tres secciones iniciales (Ciencias Naturales, Ciencias Morales y Políticas, y Literatura) se convirtieron en diez: Centro Mercantil, Jurídica, Política, Literaria, Médica, Religiosa, Filosófica, Sociológica, Historia e, incluso, Tauromaquia. Está iniciada otra de Cine Amateur y un grupo de Amigos del Ateneo. Además, de él dependen las tertulias «Miguel Labordeta», de Literatura y Poesía; «Félix de Azara», de Historia de la Ciencia; «Luis Galve», de música; «Martincho», de Tauromaquia; «Pedro Cubero», de Viajes, y «Latassa», de Bibliografía. Y todo se llevaba a cabo, dado el número de asociados, mediante subvenciones ministeriales y municipales, que casi nunca han menoscabado la libertad de los ateneístas, aunque ello no siempre fuera fácil de lograr; y es fruto del firme amor que por la cultura y por sus convecinos ha demostrado ese grupo tan reducido de intelectuales ciudadanos.
Realmente, es la tribuna más popular de la ciudad, y de ella se ha dicho que ha sido siempre palenque de la verdad y de la justicia, casa y sede de la libertad, y a ella han acudido cuantos en Zaragoza han tenido algo que decir. Algunos ‘ateneístas’ fueron Rafael Pamplona, Ram de Víu, Juan Moneva, el conde de la Viñaza, Mariano Baselga, Gascón y Marín, Eduardo Ibarra, Hilarión Gimeno, Bruno Solano, Félix Cerrada, Galo Ponte, los Royo Villanova, Genaro Poza, Borobio Ojeda, etc. Y por sus cursos han desfilado las figuras nacionales más señeras: «Clarín», Zorrilla, Benavente, Marañón, de la Cierva, Gil Robles, Camón Aznar, Laín Entralgo, Miguel Delibes o Ramón J. Sender, entre otros, sin distinción de credos, pero con exigencia de alta calidad, motivo por el que no hay escritor de valía, poeta ni político, que no haya hecho oír su voz en él.
Hoy celebramos el setenta aniversario del nacimiento de José Plácido Domingo Embil, pues hay que recordar también el apellido de su madre (la gran artista Josefa Embil), el más grande tenor de todos los tiempos (yo siempre digo que “Miguel Fleta aparte”…) según la revista BBC Music Magazine. Y lo estamos celebrando a lo grande, con una gala de homenaje en el Teatro Real de Madrid, en la que están participando grandísimas figuras del mundo lírico, y presidida por S.M. la Reina Doña Sofía y el propio homenajeado al que, de pequeño y familiarmente, le apodaban ‘El Granado’ por cantar –desde muy chico– la canción ‘Granada’ de Agustín Lara.
Don Plácido, pues se merece tal tratamiento como el que más, nació, para orgullo de todos los españoles, en la madrileña calle Ibiza, en 1941, pero se crió en México por el traslado de sus padres, Plácido Domingo y Pepita Embil, para continuar en aquellas tierras con las giras que tenían programadas y a las que, por motivos personales (su familia), renunció mi abuelo, el gran barítono Luis Cámara, pese a su amistad y sus años de trabajo con ambos. Una fantástica relación familiar que es todo un placer, la misma sensación que tengo cuando me recuerdan la agradable coincidencia que tanto Plácido como yo comenzamos cantando lo mismo y con los mismos años de edad, la aragonesa zarzuela Gigantes y Cabezudos…
Desde aquel debut en 1961 como tenor, pues se inició con la tesitura de barítono, en el Teatro María Teresa Montoya (Ciudad de Monterrey), cantando el Alfredo de ‘La Traviata’, hasta ayer mismo, que interpretó ‘Ifigenia en Táuride’ en el Real, la carrera de Plácido Domingo ha recorrido 130 papeles, siempre magníficos, siempre elegante y grandiosamente interpretados, abarcando desde papeles creados por Donizetti y Verdi a Wagner y Strauss.
Pero, además, también se ha caracterizado por dedicar parte de su tiempo a acercar la lírica y el bel canto a la sociedad, aprovechando eventos mundiales, como los mundiales de fútbol de 1990 (Italia), 1994 (Estados Unidos) y 1998 (Francia), compartiendo cartel con sus dos inseparables amigos, José Carreras y Luciano Pavarotti (D.E.P.), en el espectáculo ‘Los 3 Tenores‘; así como a aportar su grano de arena en su gran pasión, el Real Madrid C.F., a cuyo himno del Centenario (1902-2002) tuvo la satisfacción de poner voz, y que interpretó bajo la lluvia (doy fe húmeda de ello) en el césped del estadio Santiago Bernabéu el mismo día que se cumplían los 100 años (6 de marzo de 2002). Y, por supuesto, es también un gran filántropo, pues ha ayudado a los necesitados en diferentes partes del mundo, como en catástrofes naturales, ya sea en terremotos o huracanes.
Este día, el 21 de enero, que pueden ir apuntando en sus calendarios, será sin duda fiesta nacional en, esperemos, mucho tiempo, porque lo que este señor ha ofrecido al mundo nadie será capaz de devolvérselo. Y, como muestra, este vídeo con el que quiero finalizar este artículo, en el que canta el dueto de ‘Los pescadores de perlas‘ (Bizet) con el sensacional barítono Sherrill Milnes, no sin antes gritar a los cuatro vientos: ¡¡FELIZ DÍA, PLÁCIDO!!