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Alfonso III, un breve reinado de problemática gestión

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 15 de Abril de 2010

“Gobernar no consiste en resolver problemas, sino en hacer callar a quienes los plantean” (Giulio Andreotti)

Vía GEA | Alfonso III ‘el Liberal’, primogénito de Pedro III y Constanza II de Sicilia, accedió al trono de Aragón, tal día como hoy, hace 725 años, esto es, en 1285. Su corta gestión como rey estuvo mediatizada por dos problemas de gran importancia, a los que se dieron soluciones que, en modo alguno, fueron definitivas. Esos problemas pasaron por la posesión de Sicilia, entremezclada con la lucha por el equilibrio peninsular con Castilla, y la oposición de la nobleza aragonesa.

El dominio de Sicilia, donde Alfonso había gobernado antes de ser rey, desbordó el marco estrictamente aragonés, internacionalizándose al entrar en escena, por unas u otras razones, el pontificado, la casa francesa de los Anjou y los reinos de Francia, Castilla, Sicilia, Mallorca y Aragón. Antes de morir, su padre, Pedro III, había hecho prisionero al candidato pontificio para el trono de la isla, Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou. De ahí que los franceses, sus aliados, amenazaran el valle de Arán, Aragón y Gerona, ciudad ésta que –con el valle aranés– cayó en manos de Felipe III de Francia. Esta invasión fue posible merced a la ayuda que el rey Jaime II de Mallorca, tío de Alfonso III, prestó a la coalición franco-pontificia, a cuyos ejércitos dejó pasar a través de los territorios que el reino mallorquín poseía en el Rosellón, al otro lado de los Pirineos. Por otra parte, Sancho IV de Castilla dejó desamparado al aragonés al no enviar los refuerzos previamente concertados.

Como réplica, Alfonso III invadió las Baleares, mientras los franceses eran derrotados en Panissars. Y, en la lucha interna por el trono castellano, se puso de parte del infante Alfonso de la Cerda, a quien proclamó en Jaca como rey de Castilla, a la vez que atacaba militarmente a Sancho IV, tras haber concretado un tratado de amistad con los benimerines. En compensación, Alfonso de la Cerda cedía a Alfonso III el reino de Murcia, cesión que nunca llegó a ser efectiva. Y Carlos de Salerno fue liberado a condición de su renuncia al trono siciliano en favor de Jaime, hermano de Alfonso III, quien, poco después, sería su sucesor en Aragón con el nombre de Jaime II. Ante la imposibilidad de tomar Sicilia, defendida por el futuro Jaime II, el papa buscó una solución pacífica al problema con Alfonso III, llegándose a la firma del Tratado de Tarascón (1291), solución no definitiva, de ahí que poco después se tuviera que sellar el Tratado de Anagni (1295).

Por otra parte, la oposición de la nobleza aragonesa al rey fue un episodio más de la vieja lucha entre la monarquía y los nobles aglutinados en la Unión Aragonesa, que, con el pretexto de que Alfonso III se había proclamado rey antes de jurar los Fueros de Aragón, se le opusieron militarmente y amenazaron con entregar la corona a Carlos de Valois. Alfonso III tuvo que ceder otorgando el conocido Privilegio de la Unión.

Alfonso III, tras escasos seis años de intenso reinado, moría en 1291 antes de casarse con Leonor de Inglaterra, dejando el trono a su hermano Jaime de Sicilia, desde ese momento Jaime II de Aragón.


Alfonso II, el primer rey de la Corona de Aragón

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 25 de Marzo de 2010

“Historia magistra vitae et testis temporum” (Marcus Tullius Cicero)

Alfonso II nació en Huesca, hace hoy 853 años, porque las reinas aragonesas se trasladaban a tal población para alumbrar su primogénito, tradición que se rompió definitivamente en 1208, al nacer Jaime I el Conquistador. Desde inicios del siglo XIV, se acostumbra a denominarlo como ‘el Casto’, a pesar de que su propia producción poética testimonia lo contrario, pero de esta manera se le diferenciaba de los otros monarcas del mismo nombre.

El que fuera primer rey de la Corona de Aragón, ya que en él se unieron el reino de Aragón, que le transmitió su madre Petronila, y los condados catalanes –que estaban unidos al de Barcelona–, que heredó de su padre Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona, tiene una historia muy particular. Su nombre de nacimiento fue Ramón pero, a causa de la inmoralidad de su padre, siendo ya entonces príncipe de Aragón, quien intentó apoderarse de la Corona de Aragón a través de un tratado con el rey de Castilla, su madre decidió eliminar el nombre de Ramón en favor de Alfonso, en honor a Alfonso I el Batallador, hermano de su abuelo.

Así, Alfonso II tenía poco más de cinco años cuando sucedió a su padre, que en su testamento oral había dispuesto que fuese tutor Enrique II de Inglaterra, pero ésta planteó problemas, pues Fernando II de León se atribuyó tal tutela. Una cuestión que se resolvió mediante la transmisión del reino y la potestad hecha por la reina Petronila el 18 de junio de 1164, y la anterior constitución de una especie de consejo de regencia, donde alternaron algunos obispos, nobles y posiblemente representantes de las ciudades, que ya tenían conciencia de su propia personalidad. Precisamente, con este motivo, se reunían en Zaragoza el día 11 de noviembre de 1164 las primeras Cortes documentadas, donde el rey establecía paces y treguas con el consejo del arzobispo de Tarragona y demás obispos de la ‘Corona’, con el de ‘los barones de mi reino’ y con el de los representantes de las ciudades de Zaragoza, Daroca, Calatayud, Jaca y Huesca. La burguesía, de esta manera, entraba por vez primera en la institución que conocemos con el nombre de Cortes.

El rey, a quien hoy homenajeamos por su nacimiento, contribuyó poderosamente a la formación territorial de Aragón, ocupando y repoblando las tierras de Valderrobres, Gandesa, Orta de San Juan y Ulldecona (Tarragona), que unió a Aragón, poniendo sus límites en el Mediterráneo. Ante el avance y asentamiento de los almohades en Valencia, fortificó primero Teruel (1169), que repobló dos años más tarde. De la misma forma, estableció la orden militar de Alfambra (1174), así como las encomiendas de Castellote (1180), Aliaga, Cantavieja y Villel. Dio el fuero de Teruel, uno de los más importantes de la historia jurídica española, y colaboró en la conquista de Cuenca (1177), logrando que se suprimiese la obligación que tenían los reyes aragoneses de mantener una espada desnuda en la coronación de los reyes de Castilla. Asimismo, incorporó a la Corona, tras fuertes luchas, el marquesado de Provenza (1166), y fue aceptado como soberano por varios señores del norte de los Pirineos, como los de Foix, Bigorre y Razés, entre otros.

También estableció relaciones con los reyes de Inglaterra, iniciando una norma que sería constante a lo largo de la Edad Media, así como con el reino de Portugal que, curiosamente, también conmemora hoy a ‘su’ Alfonso II, hijo de Dulce de Aragón y Barcelona (infanta de Aragón), quien falleciera en Coimbra el 25 de marzo de 1223. A partir de entonces, se formó el grupo Aragón-Portugal-lnglaterra, que se opuso generalmente al de Castilla-Francia-Escocia. Al final de su intensa vida, se preocupó por las disensiones habidas entre los reyes cristianos, instigado por el papa Celestino III.


La CHE, vigilando la cuenca del Ebro durante 84 años…

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 5 de Marzo de 2010

“La naturaleza benigna provee de manera que en cualquier parte halles algo que aprender” (Leonardo da Vinci)

Por un Real Decreto, de 5 de marzo de 1926, nacieron en España las denominadas Confederaciones Sindicales Hidrográficas (CSH), aprobándose por otro Real Decreto –de igual fecha– la constitución de la del Ebro, la más importante de las diez que han llegado a crearse en el territorio peninsular, y no sólo por la significación económica de la cuenca, sino por la trascendencia de los logros obtenidos.

Si bien no puede hablarse estrictamente de unos antecedentes concretos, es indudable que la prédica regeneracionista de Joaquín Costa y Lucas Mallada, sus desvelos en pro de una política hidráulica favorable a los riegos, y la consagración que, en razón a la mancomunidad de intereses a que dan lugar los aprovechamientos colectivos de aguas públicas, encontraron en las Leyes de Aguas (de 1866 y 1879) las tradicionales fórmulas asociativas de usuarios, bien merece tal consideración respecto de esa genial anticipación histórica que fueron las C.S.H., nacidas –al igual que, posteriormente, la Compagnie Nationale du Rhöne, en Francia, y la Tennessee Valley Authority, en Estados Unidos– como fruto de una teoría económica espacial que, entre las dos guerras mundiales, busca resolver problemas específicos de áreas delimitadas a base de la revalorización de sus recursos naturales.

No obstante, habrían de transcurrir más de cuarenta años para que el concepto de cuenca hidrográfica, como unidad de gestión de los recursos hídricos, alcanzara el valor universal que le confiere la Carta del Agua (Estrasburgo, 1968). Y algunos hitos destacados en el largo proceso de mentalización nacional fueron el Primer Plan Nacional de Obras Hidráulicas (1902), la Ley sobre auxilios del Estado a la iniciativa privada (de 7 de julio de 1911) y, de manera muy especial, la Ley sobre el Plan de Riegos del Alto Aragón (de 7 de enero de 1915), una vez superada la idea de un Estado abstencionista y con un tratamiento unitario de la obra hidráulica y la colonización del territorio.

Así, el Decreto de 6 de julio de 1917, institucionalizando el Sindicato Central de Riegos del Alto Aragón y abriendo a los usuarios el cauce participativo de la Junta de Obras, constituye su precedente más inmediato, siendo el artífice de este planteamiento el ingeniero Manuel Lorenzo Pardo, autor asimismo, al amparo de la preocupación que la Dictadura siente por las obras públicas y con el apoyo de la Academia de Ciencias de Zaragoza, del proyecto que sirve de base al Real Decreto por el que, a propuesta de Rafael Benjumea y Burín (Conde de Guadalhorce), ministro de Fomento, se crean las Confederaciones.

Y, de igual manera, mediante el ya mencionado Real Decreto, de cuya conformidad hoy se cumplen 84 años, se creó la Confederación Sindical Hidrográfica del Ebro (C.S.H.), con capitalidad en Zaragoza, aprobándose posteriormente –R. D. de 23 de agosto de 1926– el reglamento de la C.S.H.E. tras la campaña de divulgación dirigida a todo el país, siendo Antonio de Gregorio Rocasolano su primer delegado regio, y el propio Manuel Lorenzo Pardo su director técnico.

Actualmente, la C.H.E. es un organismo autónomo dependiente del Ministerio de Medio Ambiente, cuyas funciones están reguladas en el artículo 25 del Real Decreto 927/1988, que aprueba el Reglamento de la Administración Pública del Agua y de la Planificación Hidrológica.

Bibliografía: Revista de la C.S.H.E. y M.H.E. (67 números), Zaragoza, 1927-1933. Publicaciones monográficas de la C.S.H.E., M.H.E. y C.H.E. (36 volúmenes); Zaragoza 1926-1936. Lorenzo Pardo, Manuel: “La Confederación del Ebro. Nueva Política hidráulica”; Madrid, 1930. Memoria de la C.H.E. (1936-45)Zaragoza, 1945. Martín-Retortillo, Sebastián: “Trayectoria y significación de las Confederaciones Hidrográfica”.


Una web para aunar las voces de los aragoneses

Publicado por Orlando Suárez Cámara el 9 de Diciembre de 2009

“Soy de Aragón la tierra noble, la de los claros torrentes, con sus sendas sonrientes y sus mozos como el roble, orgullosos y valientes” (Jota “Soy de Aragón”)

Aragón, como en tantas ocasiones a lo largo de su Historia, está pasando por unos enrevesados momentos que están afectando a una población siempre comprometida con esta tierra. Asuntos como la Proposición de Ley de uso, protección y promoción de las lenguas propias de Aragón, presentada en las Cortes de Aragón (julio de 2009), o las malintencionadas declaraciones del consejero de cultura de la Generalitat de Catalunya, Joan Tresserras, a la hora de explicar el estudio de los restos de Pero III, plagada de errores y manipulaciones, perfilando una visión torcida de la realidad histórica, han provocado que los aragoneses nos sintamos tristemente desamparados.

Un sentimiento, el de los ciudadanos de una tierra que posee un nombre documentado por primera vez durante la Alta Edad Media (año 828), que se ha resuelto con una encomiable reacción democrática tanto en la Red como en la calle. Y la red social Facebook ha sido, sin duda, una de las herramientas 2.0 más utilizadas para ello, como –ejemplificando este hecho– los grupos La corona catalanoaragonesa es una invención, Queremos que el nuevo estadio del Zaragoza se llame CORONA DE ARAGÓN (que trascendió en los medios) o Basta de manipular la Historia. La corona catalano-aragonesa NUNCA existió!, entre tantos otros espacios que se han convertido en lugares para encuentros humanos que posibilitan que pluridad y comunidad se conjuguen.

Por ello, dada la pasión, las ganas, el esfuerzo y el sentimiento que han demostrado tantos aragoneses, y vista la tan objetiva como desagradable inconexión existente entre todos esos grupos que se están creando tanto en Internet (la infociudad) como en la ¿vida real?, Domingo Buesa (reconocido experto en historia aragonesa) y un servidor hemos elaborado un espacio común en Internet, por y para todos los aragoneses (de nacimiento, adopción y/o afecto), que exprese la voz y la voluntad aunada de todos los que nos consideramos vejados ante las injusticias que sufre Aragón y, por ende, cada uno de nosotros.

Así, a través de esta web (SoydeAragon.com), aunque lo comprobareis accediendo a ella, podéis (desde ya) publicar artículos, completar la base de datos de Aragoneses Ilustres, conformar un álbum de “Aragoneses en Red”… y tantas otras actividades que manifiestan la intención de hacer que esta web no sea un lugar donde ‘colaborar’ sino, muy al contrario, donde unirnos y elaborar, entre todos, un mensaje para defender nuestro pasado y, claro está, nuestro futuro.

En definitiva, y enviando un mensaje claro, no es este el momento de dejar nuestro futuro únicamente en manos del ámbito político… Aragón (tiene todo el derecho) nos necesita una vez más, pues la Historia de los pueblos debe ser inalterable, y uniendo nuestras voces será imposible que el mundo no nos escuche.

¡VIVA ARAGÓN! ¡ENTALTO ARAGÓN!