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Tarazona y el seis de abril

5 de abril de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Pronto se cumplirán los ochocientos años de la conquista de Tarazona por Alfonso el Batallador, en 1119, buscando un paisaje fértil, en el valle del Queiles, intentando controlar la comunicación del valle del Ebro con la Meseta, regiones de economía diferenciada y con una extensa y rica huerta. En suma, intentando gobernar ese emplazamiento defensivo sobre un montículo de materiales terciarios que domina la llanura aluvial del Queiles y que sostiene el paisaje urbano de Tarazona. Concluía en ese momento la vieja historia romana del lugar, construido sobre los restos de un primitivo núcleo celtibérico formado —según Manrique— no lejos de la fuente que nace cerca del paseo de San Juan, junto a la antigua muralla. Pero, esta rica y estratégica ciudad romana, se amplió en el medievo con una potente muralla y con un plano perfectamente organizado que recordaba el cardo romano con la calle de San Atilano y el decumano discurriendo por las angostas de San Bernardo y San Atilano…, mientras el punto fuerte de la ciudad, donde residía la autoridad militar, era el actual palacio episcopal. Se construye a mediados del siglo XII la catedral nueva al otro lado del río, la misma catedral que en estos días está viviendo el final de su noche de los tiempos y parece que va a inaugurarse después de tropecientos años en obras…


La Aljafería y la Inquisición

12 de enero de 2011     Publicado por Domingo Buesa Conde    

El año 1486 la Aljafería se convirtió en la sede del Tribunal de la Inquisición que se había empeñado en implantar en Aragón, quizás por evitarse las reprimendas de su mujer, el propio rey Fernando el Católico. Con este rey llegó a nuestras tierras el tribunal y sobre todo el poder de un personaje muy especial que el rey Católico consiguió convertir en –octubre de 1483- inquisidor general, a la vez que de Castilla, de los reinos de Aragón, Cataluña y Valencia. Con Torquemada llegó la inseguridad, el que todos pudieran ser apresados por la inquisición puesto que las denuncias son anónimas, puesto que los aragoneses ven cómo no les sirven para nada sus Fueros… Todo el mundo de la tranquilidad, el derecho foral, se hunden en estos tribunales de monjes dominicos que fueron el mejor negocio que pudieron poner en marcha los reyes, si tenemos en cuenta las enormes cantidades de dinero que reciben y las propiedades que al final caen en sus manos. Fernando el Católico y el fiero de Torquemada, delegaron para el reino aragonés las competencias de la inquisición –el 2 de mayo de 1484, aprovechando las Cortes de Tarazona- en el canónigo Pedro de Arbués que sería asesinado en la madrugada del 14 de noviembre de 1485, dentro de un importante complot de aragoneses que no veían con buenos ojos la implantación de la inquisición. Como consecuencia de todo ello, sucesivos autos de fe dieron buena cuenta de los responsables: «Nueve ejecutados, en persona, aparte de dos suicidios, trece quemados en estatua y cuatro castigados por complicidad», como nos contó Zurita. La inquisición entraba con sangre en Aragón y requisando propiedades para unos reyes que eran a los que mejor les venía este tribunal.


“Don Paco”, recordando al gran actor aragonés…

19 de diciembre de 2010     Publicado por Orlando Suárez Cámara    

“Un buen vino es como un buen film: dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria; es nuevo en cada sorbo y, como ocurre con las películas, nace y renace en cada saboreador” (Federico Fellini)

Francisco Martínez Soria, o “Don Paco” –como a él le gustaba que le llamaran–, nació en el seno de una familia humilde, tal día como ayer hace 108 años, el 18 de diciembre de 1902, en la calle Garnacha (hoy de doña Valeriana Irazoqui) de la localidad zaragozana de Tarazona; y fue bautizado, dos días después, en la capilla de San Andrés de la Seo. No obstante, siendo muy joven aún, su familia se trasladó a Barcelona, donde comenzó sus estudios y, tras ellos, su trabajo como dependiente y, más tarde, como comercial.

“Don Paco” fue un actor vocacional por excelencia, y empezó sus actividades en la escena en el colegio y, posteriormente, en teatros universitarios. Años después, se convirtió en una destacada figura en el teatro de aficionados de Barcelona y, ya en 1938, pasó al campo profesional, contratado como actor cómico, en la compañía Rafael López Somoza.

Pero, tan sólo dos años más tarde, formó su propia compañía, la cual desarrolló una actividad continua durante muchos años. En la siguiente década (1950) adquirió, como copropietario, el Teatro Talía de la ciudad condal, aunque sólo tardó un lustro en conseguir la propiedad total de dicho teatro y, pocos años después, vio cumplido su gran sueño: derribar «la vieja barraca» y levantar en su lugar el cómodo y moderno teatro que hoy disfrutan los barceloneses.

Sin duda, fue un actor carismático, de celebrada comicidad y comediante de una pieza, pero sus inicios cinematográficos estuvieron repletos de titubeos y de indecisiones. Así, su primera aparición en la pantalla fue en un film menor, titulado ‘Error judicial’ y realizada en 1935 por Juan Faidella, que le sirvió para descubrir un mundo distinto y misterioso, que se parecía bastante al teatro pero, sin embargo, era distinto. Y, como buen aragonés, peldaño a peldaño, fue escalando el justo puesto que merecía, aunque el teatro nos privó de él hasta el año 1965, de la mano de Pedro Lazaga, con quien grabó uno de sus mayores éxitos: ‘La ciudad no es para mí’.

Su capacidad para los más diversos personajes y caracteres estaba fuera de toda duda, como su popular representación del personaje rústico que mira, con ojos asombrados, un mundo que parece despegarse del que soñaba desde su rusticidad entre ingenua y sabia. Por ello, los caracteres creados por Paco Martínez Soria captaron inmediatamente a un público cautivado por la sugestión de un tipo que, desde el escenario, le ofrecía un ente vivo y emocionante.

Entre sus éxitos más notables se cuentan los creados en las piezas teatrales ‘El abuelo Curro’, ‘Mi cocinera’, ‘El sosiego’, ‘La tía de Carlos’, ‘La locura de don Juan’, ‘Bonaparte quiere vivir tranquilo’, ‘De profesión, soltero’ o, entre muchas otras, la anteriormente mencionada ‘La ciudad no es para mí’, cuya actuación motivó la concesión de la Placa de San Juan Bosco por votación popular, en 1966, y con la cual, gracias a un vídeo que he encontrado en YouTube, quiero concluir este artículo:

Bibliografía: Ramos, Dionisio: Paco Martínez Soria, su vida y sus éxitos; Guara Editorial, Zaragoza, 1978 (vía GEA).