
En el Pleno del Ayuntamiento de Zaragoza, el jueves 25 de febrero de 2010, se ha discutido entre las mociones una presentada por el PAR que planteaba la necesidad de que desde el Ayuntamiento de la ciudad se instase al Gobierno de Aragón la declaración de
la Tradición de la Virgen del Pilar como Bien de carácter inmaterial, paso necesario para que así se reconozca a nivel mundial. Y a mí, en nombre del Grupo Popular, me ha tocado el honor de defender nuestro voto de apoyo decidido a este respecto. Y he planteado que así lo consideraba partiendo de tres premisas que paso a detallar.
Entiendo que
la devoción pilarista es un valor universal, que hoy es absolutamente indiscutible para aquellos que partan del conocimiento de la realidad y lo hagan desde el sentido común. La Virgen del Pilar ha sido uno de los elementos más notables en la creación de múltiples
manifestaciones artísticas a nivel universal. Imágenes, pinturas, poemas, fiestas, edificios… responden en cualquier parte del mundo a la capacidad creadora de la devoción del Pilar. Pero además, esta devoción incluye importantes claves para
entender la cultura aragonesa, y es referente de los gestores culturales, en los grandes
ámbitos de la creación cultural, desde la pintura de Goya hasta el cine de Buñuel pasando por la creación poética de Antonio Machado.
En segundo lugar, tendiendo claro lo anterior, es conveniente acometer
la necesaria adecuación de la realidad a la legislación. Y así es bueno que solicitemos que sea declarada la Tradición pilarista como Bien de Interés Cultural porque
cumple los dos requisitos que habla la ley, articulo 12,4, al tratar de estas manifestaciones propias. Por un lado que sea notable
el protagonismo de la sociedad en la devoción, cosa que nadie en su sano juicio puede negar, y por otro
el impacto social de la devoción que es evidente lo mires por donde lo mires. Por ello, cumple las exigencias de la Ley aragonesa de Patrimonio Cultural de marzo de 1999.
Pero, dicho esto, conviene apostar por lo mejor. Y he dicho, cosa que sostengo con firmeza, que
es bueno pedir el reconocimiento de la dimensión universal de la Tradición.
(Sólo admitiré que no se haga cuando se reconozca públicamente que lo hacen porque no quieren que lo aragonés alcance reconocimiento, que no quieren defender lo aragonés, como tal parece derivarse de la explicación del portavoz de CHA que ha llegado a plantear oscuramente que habría que hablar de cuándo se declaró Bien de Interés Cultural a la Basílica. Inaudito, vergonzoso, increíble serían los adjetivos que podrían definir el cuestionamiento de los valores artísticos, culturales e históricos, del templo del Pilar. Sólo desde el absurdo podrían entenderse estos planteamientos, por lo que yo creo que no merecen más comentario.)
Y como decía, es bueno que esta devoción sea objeto de atención desde la
Convención para la salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, de 17 de octubre de 2003, aprobada en la Conferencia General de la ONU en Paris. Su artículo 2, habla de dos requisitos:
el sentimiento de identidad y su interacción con la Historia. Los dos los cumple y por tanto debemos plantearnos el pedir que la Tradición de la Virgen del Pilar, sea declarado Bien Inmaterial de valor universal.
Y todo esto, como pueden ver, sin poner encima de la mesa
los inmensos valores religiosos que para muchos de nosotros tiene la Tradición de Nuestra Señora del Pilar y su devoción, pilar fundamental de lo que ha sido, es y será Aragón. Mientras tanto, para todos aquellos que no quieren reconocer lo evidente, para todos aquellos que no tienen el valor de vivir su descreimiento y sus complejos desde el respeto a los demás, quiero recordarles una frase genial de un aragonés ilustre que fue
Mariano de Cavia, quien escribía en
octubre de 1895, en su primer artículo en “El Imparcial” titulado “
El ateo en Misa”, aquella idea rotunda de que
“Se ha dicho que el que no cree en Dios cree en el diablo. En Aragón, no. El que no cree en Dios… cree en la Virgen del Pilar”.