Pueden apuntarse a la conferencia a través del evento creado en Facebook
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Mercedes PORTELLA | 12/08/2010
SABIÑÁNIGO.- Domingo Buesa, catedrático de Historia y presidente de la Real Academia de San Luis de Zaragoza, ofreció el pasado sábado en Senegüé una conferencia sobre los diferentes acontecimientos históricos y cómo pudieron influir éstos en el modelo de vida de Senegüé y Sorripas desde el siglo II al XV.
En esta charla, organizada por la Asociación de Vecinos de Senegüé y Sorripas dentro del programa de actividades del mes de agosto, Domingo Buesa habló de los primeros asentamientos en lo alto de la morrena del glaciar en Senegüé, en la entrada al valle y en la zona fértil pasando por la influencia musulmana.
El catedrático también hizo referencia al modo de vida existente en Senegüé (organización, tributos, obligaciones con el rey, etcétera) cuando la localidad fue declarada “villa” por los reyes Ramiro I y Sancho Ramírez en el siglo XI. Además, la importancia de este núcleo creció cuando fue cabecera de la “honor de Senegüé” que abarcaba el territorio y pueblos comprendidos en el entorno del río Gállego entre Biescas y Sabiñánigo, además de los monasterios de San Úrbez de la Garganta y San Pelay de Gavín.
Asimismo, Domingo Buesa se refirió a la fortaleza musulmana y posteriormente cristiana que existió en el lugar que hoy ocupa la iglesia de Senegüé, y la importancia que tuvo el monasterio de San Salvador, encima del pueblo de Sorripas, así como los nombres etimológicos de Senegüé y Gállego.
El presidente de la Asociación de Vecinos de Senegüé y Sorripas, José Antonio Pardo, expresó su agradecimiento. “Ahora que estamos embarcados en el trabajo de recopilación de datos sobre la toponimia geográfica, historia, vivencias y singularidad de Senegüé y Sorripas, que se recogerán próximamente en un libro, este trabajo de Domingo Buesa supone un buen empujón para nuestro trabajo y nos ayuda a entender un poco más las raíces históricas de nuestros pueblos”.
Respetado alcalde, querido Enrique.
Dignísimas autoridades civiles, militares y religiosas.
Señoras y señores.
El compromiso con el linaje
Para ello debemos retroceder hasta el año 1043, casi dos mil años al momento en el que nació el infante Sancho, para encontrarnos con un angustiado monarca que tiene que hacer frente a muchos problemas para consolidar su escaso poder, sin dejar de atender a los nobles que le ayudan en la guerra, a cambio de tierras y castillos, a sabiendas de que su ambición no tiene límite. Un monarca que tiene que conseguir además la fidelidad de unos campesinos que van mejorando su vida como consecuencia de esa época de calentamiento del clima, que viven estos valles con veranos cálidos y secos, muy aptos para la guerra, después de primaveras muy lluviosas que permitían aumentar las cosechas desde los trigales que se extendían a orillas de los ríos hasta los bosques que eran básicos para su vida, en un mundo en el que se ha dicho que los campesinos necesitaban la madera “desde la cuna hasta el féretro”, sin salir de su casa.
Artículo que he publicado hoy en el Extraordinario del Día de San Jorge en el “Diario del Alto Aragón”
He escrito muchas veces sobre la historia de este santo tan aragonés como universal, que no me encuentro con ganas de hacerlo sólo para reiterarles una relación de noticias que hablan de cómo este soldado de Capadocia se ha convertido en un referente de esta tierra que se llama Aragón. Pero, sin embargo, nos obliga a retomar el asunto la lealtad que debemos los aragoneses a nuestra historia. Porque, hoy, nos invitan a recordar estas noticias documentadas episodios que nos ha tocado vivir con la historia de unas obras de arte que no nos quieren devolver, contra el mismo derecho que sus captores alegaron, o con las patéticas reflexiones de un consejero catalán sobre el pobre Pedro III de Aragón, que ahora no sabemos si se refiere a Pedro II en la obediencia de la Generalitat o acaso Pedro I en la obediencia de El Palmar. Bromas aparte, está claro que estamos en tiempos de comprometerse con la defensa de lo nuestro, de comprometerse con este proyecto común que tiene un nombre que hunde sus raíces en el siglo IX desde el nacimiento del condado; que se presenta como uno de los estados vertebradores de la Europa del románico –en el siglo XI- desde el Reino de Aragón; y que se proyecta al mundo con la Corona de Aragón, un proyecto de consenso construido por los reyes aragoneses nacidos en el entorno de la Huesca del siglo XII. Es, como vemos, un largo recorrido que está plena y solidamente documentado, aunque no faltan versiones partidistas hechas por sicarios al servicio del poder, como aquel archivero catalán que se inventó lo de la Corona catalanoaragonesa para tener la relevancia que no le dieron sus investigaciones. Y para seguir afirmando la necesidad actual de defender lo aragonés, es bueno que nos fijemos en la mítica estela de san Jorge en la página oficial de la Generalitat de Cataluña. En ella se le vincula sólo a Capadocia, silenciando todas las referencias históricas aragonesas salvo anotar que las cortes catalanas lo declararon “patrón de Cataluña”, para concluir diciendo que se celebra en otras partes del mundo, excluido Aragón. Una vez más, nos enfrentamos a la tragedia de aquellos que necesitan estar construyendo su historia desde la mentira, porque en el fondo padecen un evidente complejo de inferioridad, tal como decía el profesor Antonio Ubieto. Mentiras a real el kilo, porque este santo, en la página dedicada a las tradiciones catalanas, está vinculado a la comarca del Ripollés, donde tienen el atrevimiento de decir que se inicia su culto en el siglo X, para ir después a estar en la conquista de Baleares y en la de Barcelona… Para concluir diciendo “años más tarde su culto llegó a los limites del Aragón”. Para estos autores catalanes, el problema es quizás que san Jorge no les llamó al móvil cuando estuvo en Huesca y no se enteraron. No obstante, dicen los libros que su historia arrancaba en los campos de Alcoraz, en plena conquista de Huesca el año 1096, cuando apareció “con armas blancas y resplandecientes” en ayuda de las tropas aragonesas del rey Pedro I. Era el comienzo de una larga convivencia, de múltiples encuentros siempre que Aragón lo necesitara, como ocurrió cuando Pedro IV inicia la marcha contra Castilla y ordena a sus soldados que portasen “señeras con la señal de san Jorge”. Y, al final, fue convertido en Patrón del reino por decisión de Juan II, en pleno siglo XV. Son tres datos para constatar que este soldado romano, convertido al cristianismo, se había convertido en el gran protector de la Corona de Aragón y que todos los estados que estaban gobernados por el rey de la Casa de Aragón –el condado catalán, el reino de Valencia, el reino de Mallorca, o el propio reino de Aragón que daba título y nombre a la Corona- lo consideraban así. Y lo festejaban en el día de su muerte, el 23 de abril al mediodía, a la hora sexta como decían las viejas crónicas, por todo lo alto. Un día que, por si tenía pocos patronazgos, acabaría convirtiéndolo en compañero de escritores y editores. Y es que san Jorge, el señor san Jorge, Patrón de Aragón, convive con el libro porque su día se declaró por la Unesco como Día Internacional del Libro y de los Derechos de Autor, en 1995, después de que Miguel de Cervantes y William Shakespeare tuvieran el acierto de morir el 23 de abril, fecha que un real decreto de Alfonso XIII convirtió en el día de la Fiesta del Libro Español a propuesta de un escritor valenciano, del republicano Vicente Clavel Andrés. La relación de celebrar san Jorge con un libro, compañero de la rosa o del zaragozano y dulce Lanzón, enriquece la fiesta y permite que su feria sea también una manifestación de la conveniencia de conocer lo nuestro, de leer, de estar informados para poder argumentar y tener criterio. Pero, si su proyección saltaba al mundo de las letras, san Jorge fue apeado por el papa Pablo VI que consideró, cuando se hizo revisión de los datos que sustentaban a cada uno de los santos, que había que eliminarlo del santoral de la Iglesia Católica, dejando su culto algo así como opcional. Se abría una nueva etapa que se caracterizó por no haber ningún cambio. La devoción popular no decayó y sus valores como elemento protector de los pueblos o como símbolo de la lucha contra la tiranía, que en el medievo representó el dragón que derrotó, siguieron igual o creciendo. Nada ha cambiado en Inglaterra, donde Eduardo III lo proclamó patrón de la nación en 1344. Nada ha cambiado en Rusia donde es celebrado como Patrón de ese territorio por la Iglesia Ortodoxa, por cierto el 3 de noviembre. Y nada ha cambiado en la espiritualidad, con halo de misterio, que se vive en la iglesia templaria rupestre de Bet Giyorgis, en Etiopia, dedicada a este santo y en la que creen se custodia el Arca de la Alianza que recorrió el desierto con el pueblo elegido. Por eso, aquí tenemos la tarea de lograr que la historia no cambie, que se respete lo que sabemos y que se vaya incrementando esos saberes con la investigación científica no con el quehacer ilegitimo de los servidores del poder. E incluso el problema será valorar si aquí ha cambiado algo, si ese descalabro pontificio a la figura del patrón de Aragón ha supuesto un deterioro de san Jorge como referente. O acaso, si el cambio viene desde otros horizontes…
El pasado sábado, 27 de marzo, me publicó el diario ABC –en el suplemento “Artes y Letras”– un extenso artículo de dos páginas dedicado a la memoria de Joaquín Costa, titulado “Los perfiles de un mito”.
Por ello, copio el texto íntegro así como unos enlaces (1, 2, 3, 4 y 5) para descargar las cinco páginas originales en pdf del especial a la figura de este personaje que ha protagonizado la mayoría de los análisis sobre la modernidad de la realidad española:
JOAQUIN COSTA, LOS PERFILES DE UN MITO
Aunque no haya sido mucha su influencia real en la vida diaria de la España del siglo XX, hay que reconocer que la figura de Joaquín Costa ha protagonizado la mayoría de los análisis sobre la modernidad de la realidad española. Una permanente presencia, del que pronto fue conocido como “El león de Graus”, gestionada desde diferentes enfoques que, al final, han contribuido a convertirlo en una referencia para todos los que querían hablar del problema del campo español, de la necesidad de la educación, o para aquellos que se adentran en la complicada discusión sobre la gestión del agua. El mito Costa se ha ido construyendo en cada uno de los cuatro grandes modos de enfocar su recuerdo. Primero, en la cercanía de su muerte, desde la visión de su amigo, el grausino Marcelino Gambón, que recupera sus perfiles de hombre empeñado en diseñar el futuro. Un acercamiento entrañable y casi de cronista, acaecido en 1911, que deja paso a la biografía de Luis Antón de Olmet (1917) cuando titula una nueva revisión de la obra del jurista altoaragonés desde la rotundidad del epígrafe “Los grandes españoles. Costa”, con el que lo entiende convertido en un personaje de dimensión nacional. Un personaje al que no se le hace caso, tal y como lo presenta M. Ciges que plantea la visión de “Joaquín Costa, el gran fracasado”. Ya sólo quedaba ensayar la cuarta revisión de lo que había sido el mito altoaragonés, cosa que hace George J. G. Cheyne cuando escribe (1972) su obra sobre de “Joaquín Costa, el gran desconocido”, título del libro que publicó en 1972. Al final de todo, recuperemos el Costa familiar, el Costa español, el Costa fracasado o el Costa olvidado, lo que hay que preguntarse es sencillamente lo que decía Luis de Zulueta, en el prólogo de la antología de sus obras, cuando se pensaba en voz alta: “He aquí una duda que ha de parecer trágica a todo español. ¿Es España un gran pueblo que no encontró a su hombre, es Costa el gran hombre que no encontró a su pueblo?”. Una incógnita que salpica la leyenda de este español que sufrió el fin de la España universal y que vivió con intensidad su tierra, pues hay que reconocer como señaló (1978) Eloy Fernández Clemente, uno de sus grandes estudiosos, que –a pesar de todo y de todos- “su liderazgo cultural, político, social y moral ante los aragoneses es quizá el mayor que este país ha conocido y aceptado”.
El pasado martes, incluí en mi blog personal un artículo de El Periódico de Aragón que hablaba sobre la labor que estamos realizando en la Real Academia de Nobles y Bellas Artes de San Luis para su modernización y su accesibilidad a la sociedad por medio de las nuevas tecnologías, así como sobre el acto de Sesión Inaugural de Apertura del Año Académico 2010.
En dicha sesión, tuvimos el honor de contar con la presencia del Excmo. Sr. D. Juan Alberto Belloch Julbe, alcalde del Excmo. Ayuntamiento de la ciudad de Zaragoza, y Excmo. Sr. D. Marcelino Iglesias Ricou, Presidente del Gobierno de Aragón, ambos en la mesa presidencial junto a Excmo. Sr. Doctor D. Domingo J. Buesa Conde, Presidente de la Real Academia, así como otras autoridades aragonesas, y con una ponente de excepción, doña Marisa Azuara Alloza, cuya carrera literaria está avalada por obras como “Justicia”, “El Signo de Salomón” o “Matatoros” y que, a la búsqueda de nuevos registros en el ejercicio de la literatura histórica, se inició en el Ensayo con una personalidad universal: Cristóbal Colón.
Unas investigaciones que llevaron a unas impresionantes conclusiones sobre la identidad del descubridor, reveladas en “Christóval Colón más grande que la leyenda” y en “Christóval Colón la Cruzada Universal”, que demuestran que el navegante genovés había nacido en la Saona de Cerdeña y era nieto del Señor de Sástago, Don Artal de Alagón y Luna, por vía materna, que obligan a revisar en profundidad el papel desempeñado por la Corona de Aragón en el proceso descubridor, la financiación aportada por el también aragonés Luís de Santángel y las difíciles circunstancias históricas que se simultanearon con los primeros viajes al Nuevo Mundo.
Si bien, a través de la página web de la Real Academia, en colaboración con ColorIuris, puede descargarse el discurso íntegro que leyó doña Marisa Azuara el pasado día 1 de febrero, quisiera aportar hoy los siete puntos más relevantes de sus investigaciones, en las que ha contado con la inestimable colaboración de la familia Colón de Carvajal, así como de Miguel Ángel Motis Dolader, Ignacio Javier Bona López, Mario Ascheri, Antonello Mattone, Simona Bellaccini e Igino Sanna, entre otros: