Artículos etiquetados en Fueros

Antonio Martón, el infanzón de Sallent de Gállego

8 de septiembre de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

El día 10 de septiembre recordaremos el crimen cometido en la persona de Antonio Martón, un infanzón de Sallent de Gállego, que fue muerto por garrote vil en esta madrugada y mientras el pueblo de Zaragoza dormía. A la mañana siguiente, cuando vieron su cadáver expuesto en la Plaza del Mercado de Zaragoza, se montó una buena y se montó no por que este señor no se lo mereciera –él había sido el que encabezó las cuadrillas de pastores tensinos que acabaron con la vida de tantos moriscos en Pina- sino porque su muerte se había hecho incumpliendo el derecho que los fueros reconocían a los aragoneses de ser juzgados por el Justicia de Aragón, a cuyo amparo se había puesto este infanzón y al que los representantes de Felipe II le prometieron un juicio de acuerdo con la legislación foral aragonesa. Pero la palabra se violentó y las autoridades de la ciudad, cagadas de miedo, decidieron obedecer al rey antes que defender los derechos de sus habitantes. Cosas de siempre. Era el año 1589.


Fernando de Antequera jura los fueros aragoneses (1412)

3 de septiembre de 2010     Publicado por Domingo Buesa Conde    

Hoy es viernes 3 de septiembre y tal día como hoy, en 1412, el rey Fernando de Antequera se acercó a la Seo zaragozana para jurar los fueros aragoneses, tal y como lo hacían los reyes de Aragón en la catedral principal y cabeza de todo el amplio estado de la Corona de Aragón. Cuando entra en la catedral aragonesa apenas lleva tres meses de rey de Aragón, puesto que lo han proclamado como tal los representantes reunidos en el Compromiso de Caspe, en junio de 1412, cuando el príncipe castellano –nacido en tierras de Medina del Campo en Valladolid- tenía 33 años de edad. Se abría una nueva etapa en la historia aragonesa y se estrenaba dinastía -la de los Trastamara- con un rey que aportaría a la gran historia a su nieto: Fernando el Católico.


Alfonso III, un breve reinado de problemática gestión

15 de abril de 2010     Publicado por Orlando Suárez Cámara    

“Gobernar no consiste en resolver problemas, sino en hacer callar a quienes los plantean” (Giulio Andreotti)

Vía GEA | Alfonso III ‘el Liberal’, primogénito de Pedro III y Constanza II de Sicilia, accedió al trono de Aragón, tal día como hoy, hace 725 años, esto es, en 1285. Su corta gestión como rey estuvo mediatizada por dos problemas de gran importancia, a los que se dieron soluciones que, en modo alguno, fueron definitivas. Esos problemas pasaron por la posesión de Sicilia, entremezclada con la lucha por el equilibrio peninsular con Castilla, y la oposición de la nobleza aragonesa.

El dominio de Sicilia, donde Alfonso había gobernado antes de ser rey, desbordó el marco estrictamente aragonés, internacionalizándose al entrar en escena, por unas u otras razones, el pontificado, la casa francesa de los Anjou y los reinos de Francia, Castilla, Sicilia, Mallorca y Aragón. Antes de morir, su padre, Pedro III, había hecho prisionero al candidato pontificio para el trono de la isla, Carlos de Salerno, hijo de Carlos de Anjou. De ahí que los franceses, sus aliados, amenazaran el valle de Arán, Aragón y Gerona, ciudad ésta que –con el valle aranés– cayó en manos de Felipe III de Francia. Esta invasión fue posible merced a la ayuda que el rey Jaime II de Mallorca, tío de Alfonso III, prestó a la coalición franco-pontificia, a cuyos ejércitos dejó pasar a través de los territorios que el reino mallorquín poseía en el Rosellón, al otro lado de los Pirineos. Por otra parte, Sancho IV de Castilla dejó desamparado al aragonés al no enviar los refuerzos previamente concertados.

Como réplica, Alfonso III invadió las Baleares, mientras los franceses eran derrotados en Panissars. Y, en la lucha interna por el trono castellano, se puso de parte del infante Alfonso de la Cerda, a quien proclamó en Jaca como rey de Castilla, a la vez que atacaba militarmente a Sancho IV, tras haber concretado un tratado de amistad con los benimerines. En compensación, Alfonso de la Cerda cedía a Alfonso III el reino de Murcia, cesión que nunca llegó a ser efectiva. Y Carlos de Salerno fue liberado a condición de su renuncia al trono siciliano en favor de Jaime, hermano de Alfonso III, quien, poco después, sería su sucesor en Aragón con el nombre de Jaime II. Ante la imposibilidad de tomar Sicilia, defendida por el futuro Jaime II, el papa buscó una solución pacífica al problema con Alfonso III, llegándose a la firma del Tratado de Tarascón (1291), solución no definitiva, de ahí que poco después se tuviera que sellar el Tratado de Anagni (1295).

Por otra parte, la oposición de la nobleza aragonesa al rey fue un episodio más de la vieja lucha entre la monarquía y los nobles aglutinados en la Unión Aragonesa, que, con el pretexto de que Alfonso III se había proclamado rey antes de jurar los Fueros de Aragón, se le opusieron militarmente y amenazaron con entregar la corona a Carlos de Valois. Alfonso III tuvo que ceder otorgando el conocido Privilegio de la Unión.

Alfonso III, tras escasos seis años de intenso reinado, moría en 1291 antes de casarse con Leonor de Inglaterra, dejando el trono a su hermano Jaime de Sicilia, desde ese momento Jaime II de Aragón.