Ernest Andrei Friedmann (Budapest, Hungría 1913 – Thai Binh, Vietnam 1954), conocido bajo el apelativo de Robert Capa, captó con su objetivo algunos de los momentos cruciales del pasado siglo XX, siendo probablemente el corresponsal gráfico de guerra más importante de los últimos cien años. Sus fotografías más contundentes (de la Guerra Civil española, la I Guerra de Indochina o la II Guerra Mundial) coparon las portadas de las principales revistas de la época.
En 1929, con tan sólo 18 años, abandonó Hungría y viajó a París, donde conoció al fotógrafo David Seymour, quien le consiguió un trabajo como reportero gráfico en la revista Regards para cubrir las movilizaciones del Frente Popular. Entre 1932 y 1936, tratando de escapar del nazismo, conoció a la fotógrafa alemana Gerda Taro (nacida Gerda Pohorylle) que acabaría siendo su novia, y junto a la cual inventa la figura de Robert Capa, un pseudónimo utilizado por ambos para aumentar el valor de sus trabajos.
Así, coincidiendo con la Guerra Civil española –etapa donde falleció Taro–, Capa se trasladó a España, permaneciendo siempre en primera línea durante la contienda. De esta manera, en el frente de Córdoba, tomó una de las instantáneas por las que fue mundialmente reconocido: Muerte de un Miliciano (1936). Igualmente, también retrató los principales escenarios bélicos de la II Guerra Mundial y, en 1947, creó la agencia Magnum Photos junto a Henri Cartier-Bresson, George Rodger, Bill Vandivert y David (Chim) Seymour. En 1954, dada su fama, fue reclamado por la revista Life para cubrir la Guerra de Indochina, falleciendo en aquel conflicto el 25 de mayo, tras pisar una mina.
Por todo ello, la Fundación Pablo Iglesias, el International Center of Photography (ICP) y el Círculo de Bellas Artes de Madrid han organizado una exposición, titulada ‘This is war!’ (¡Esto es la guerra!), compuesta por 170 instantáneas, algunas de ellas inéditas hasta la fecha, que se aproxima a las innovaciones de Capa como reportero gráfico e incluye las imágenes tomadas por el fotógrafo húngaro en la Batalla del Ebro. Asimismo, junto a las fotografías de guerra de Capa, se presentan casi un centenar de imágenes de Gerda Taro, realizadas durante la contienda española. Una fantástica exposición que puede verse, hasta el próximo domingo (día 5 de septiembre de 2010), en la Sala Goya del Círculo de Bellas Artes de Madrid, sito en Alcala 42 (ver mapa), por el casi simbólico precio de 1 euro.
Tal día como hoy, en el año 1922, se estrenaba en el Teatro Real de Madrid el que iba a ser considerado como el mejor tenor de todos los tiempos, el aragonés Miguel Fleta, que poseía una excepcional voz de tenor que cubría desde el barítono hasta el tenor y dotada de un prodigioso ‘aire’ que le facultaba un fraseo prodigioso y una messa di voce que hacía de él un tenor con exquisito sentido de la cantilena y siendo, para mí, el gran exponente de las obras del inigualable compositor dramático italiano, Giacomo Puccini, como demuestra su participación en el estreno póstumo de Turandot, en 1926, en la Scala de Milán, bajo la dirección de Arturo Toscanini.
Tras varias tentativas, Amézola, empresario del Teatro Real de Madrid, logró contratar a Fleta para cantar Tosca, La Bohème, Carmen y Aida, en una temporada que no discurría nada bien en el aspecto económico, que conllevó una muy escasa campaña publicitaria. Pero el éxito, sin precedentes, de su debut con Carmen, el 7 de marzo, fue definitivo para enderezar la maltrecha economía del Teatro, que aún fue mayor, considerando que ocurrió en el feudo de Julián Gayarre y Giuseppe Anselmi y que, además, por indisposición de la mezzo soprano Gabriella Besanzoni, ésta fue sustituida por otra cantante menos conocida.
Así, al final del primer acto, los periodistas se lanzaron a los teléfonos para reclamar a sus directores mayor espacio para sus crónicas, como puede verse –por ejemplo– en el artículo del diario ABC, de 8 de marzo:


Y, para finalizar este artículo, he querido subir a la Red y publicar un programa de Radio Ebro (año 2000), titulado “Los amigos del Bel canto” (de una hora de duración), que rindió emotivo homenaje a Miguel Fleta, en el cual sus dos distinguidos invitados (mi abuela Pilar Gazo y mi tío Antonio Gazo –D.E.P.–), bajo la dirección de Miguel Ángel Santolaria, ilustraron la magnificencia de su voz y recordaron la satisfacción que tuvieron de escuchar en vivo al mejor tenor de todos los tiempos:
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